La creación del mundo
En el libro del Génesis y en el libro de Moisés leemos en cuanto a tan singular y magnífica tarea. El Todopoderoso fue el arquitecto de la creación. Bajo Su dirección ésta fue ejecutada por Su Amado Hijo, el Gran Jehová, a quien ayudó Miguel, el arcángel.Primero formaron el cielo y la tierra, lo cual fue seguido por la separación de la luz y la oscuridad. Las aguas fueron retiradas de la tierra seca, surgió la vegetación, seguida por los animales. Tras todo esto vino la creación del hombre. En Génesis leemos:
“Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31).
“… mas para Adán no se halló ayuda idónea para él”.
“Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar.
“Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.
“Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona”(Génesis 2:20–23).
Y así Eva llegó a ser la creación final de Dios, la gran suma de todo lo que hasta el momento se había hecho.
Las mujeres son una parte esencial del “plan de felicidad” que nuestro Padre Celestial ha delineado para nosotros. Ese plan no puede operar sin ellas.
A los varones
Hermanos, es mucha la infelicidad que existe en el mundo; hay demasiado sufrimiento, dolor y desengaño. Son muchas las lágrimas que derraman esposas e hijas angustiadas y es demasiada la negligencia y enorme el maltrato.
Dios nos ha dado el sacerdocio, y ese sacerdocio no se puede ejercer
“sino por persuasión, por longanimidad, benignidad, mansedumbre y por amor sincero; por bondad y por conocimiento puro, lo cual ennoblecerá grandemente el alma sin hipocresía y sin malicia”(D. y C. 121:41–42).
Cuán agradecido estoy, cuán agradecidos debemos estar todos, por las mujeres en nuestra vida. Que Dios las bendiga; que Su gran amor descanse sobre ellas y las corone con brillo y belleza, gracia y fe. Y que Su Espíritu descanse también sobre nosotros, los varones, y nos guíe siempre para que las respetemos, estemos agradecidos por ellas, les demos ánimo, fuerzas y amor, lo cual es la esencia misma del Evangelio de nuestro Redentor y Señor. Esto ruego humildemente, en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.
Gordon B. Hinckley

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